Entre gallos y gallinas, una iguana y un duelo

Estoy sola unos cuantos minutos. Mi mamá llegó al pueblo a hacer que todo sea mejor. Ese súper poder de las mamás que hacen que cualquier cosa sea más fácil, sepa menos fea.

Cuando tengo estos pequeños espacios en el tiempo, me enloquezco un poco pensando qué es lo que quiero hacer. Y es que quiero hacer tantas cosas… escribir, pintar, leer, dormir, tirarme en la cama a ver una serie, tomarme un café viendo las montañas. Son tantas, que a veces no se cuál es la que quiero más porque quiero todas, o tal vez ninguna. Esa sensación que solo las madres podemos entender.

Me encuentro en un debate entre la acuarela y el óleo; esto después de haber hecho un mandala con flores y  haber interpretado un sin fin de roles en el juego de mis hijas. Y ahora estoy aquí, sola, solo por unos minutos, y me encuentro tan confundida, queriendo tomar una decisión que parece tan simple, pero que en este momento de mi vida, me resulta tan complicada.

 Le escribo a Mort, el que en términos terrenales sería mi mejor amigo, pero esas palabras se quedan muy cortas para lo que realmente somos. El espejo más claro que tengo, el que se parece tanto a mí que no puede engañarme; ni yo a él, porque nos hemos topado tantas vidas, de tantas maneras, que a veces no se si en realidad vive adentro de mi cabeza. Tenemos esta relación tan mágica por merecimiento, por trabajo, tal vez también por un poco de suerte, ¿el destino?.

Le hago una pregunta. ¿Óleo o acuarela? a lo cual me contesta con toda su certeza. Nada. Cuando no sepas qué hacer, no hagas nada.

Me río, por esa respuesta tan simple, porque a veces uno no necesita moverse, sino dejar de hacerlo.

Volteo a la reja, veo que Tezhka mi perra ya ha regresado de su paseo. Se asoma Toño por una ventana, me dice que la iguana bajó del techo. ¿No la escuchaste? Me pregunta, y a mi me deja impactada como es que yo, estando a un lado no logré escucharla, pero Tezhka sí, a muchos metros de distancia. Me doy cuenta por un momento que estoy aquí, pero a la vez no estoy.

-no, no la escuché. ¿te das cuenta Toño como en esta casa hay dos guerras? la de los gallos y la de Tezhka con la iguana.

Me río, me río de escuchar mi diálogo. Me río de darme cuenta que vivo entre gallos y gallinas, dos iguanas en el techo, dos hijas, dos perras, y que estoy donde siempre quise estar, y que, a veces, me cuesta creer que ya estoy, pero a la vez, hoy no estoy, o estoy a medias.

La respuesta no era ni óleo, ni acuarela, era escribir. Porque hoy escribir me está ayudando a no caer en un abismo, en uno de esos que no tienen fondo. Escribir está transmutando mis emociones, las más profundas; también mis miedos.

Y es que me prometí a mí misma, y también se lo prometí a él, que encontraría la manera de transmutar esta pena. Que todo este dolor y esta ausencia se convertirían en algo. En palabras, o tal vez en colores, en algo que valga la pena, porque una pena tan grande, merece convertirse en algo, lo que sea.

Un intento, mi consciencia pidiendo a gritos transmutar este momento, algo tan profundamente doloroso, en un poco de magia, de luz, de esencia.

Y aquí estoy hoy, viviendo entre gallos, gallinas, la iguana y un duelo, al que más le tenía miedo. “EL MIEDO”. Y ya no existe; porque ya pasó, porque hace 9 días pasó y aquí sigo, aprendiendo a vivir ahora con su ausencia.

Todos los días intento seguir las señales, la presencia de un colibrí, o de una ardilla, el sonido del viento, la forma de las nubes,  el brillo de las estrellas, el hilo de mis recuerdos. Una señal que me diga que aún estas aquí, que es mentira que ya te fuiste, que ahora puedo encontrarte en todo aunque mis ojos físicos no puedan verte.

Que vives en mí, que vives en mis hijas, que vives en todo, que nunca te irás, o tal vez ya te fuiste. Sí, ya te fuiste; Pero justo esto es la fe; Tener certeza; la certeza de que nuestro lazo es eterno, la certeza de que somos parte de esa consciencia que nunca muere, que sólo es un cambio de envoltura y que un día, en el tiempo correcto, volveré a verte. Porque en mi universo tu energía es tan especial, que es imposible que desaparezca.

Porque de ahí venimos y ahí regresaremos, porque esto que ven mis ojos físicos, es solo un pequeño pedazo de la vasta existencia.

Te amo papá, gracias Mort, te amo Toño, te amo mamá, las amo hijas, las amo Tezhka y Dora.

Gracias gallos y gallinas, la iguana y hasta mi duelo por recordarme que sigo viva.

Gracias a todas y cada una de las personas que han estado conmigo, gracias por cada palabra hermosa que he recibido, cada muestra de cariño. Gracias a mis amigos que me sostienen y nutren.

Infinitas gracias a todas y cada una de las personas que me han acompañado en este camino, por cada palabra y detalle que me sostiene y nutre. Gracias por ser y estar.


Una respuesta a “Entre gallos y gallinas, una iguana y un duelo

  1. Un hermoso relato hecho por una mujer valiosa, emponderada , inteligente y hermosa.
    Sigue adelante en tu crecimiento espiritual te va a llevar muy lejos.

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