Las dos Paulinas

Quiero escribir, quiero escribir siempre de muchas cosas. Por lo menos una vez a la semana o dos pienso que debería escribir las cosas que estoy sintiendo, descubriendo, pensando. Pero después me observo dogmática, tratando de hablar de una verdad que es solo verdad para mí, que cada cabeza es un mundo, y que lo que yo siento, pienso o entiendo, es solo mío. Me descubro insegura, dudando; dudando sobre la “importancia” de hacerlo, mi ego pensando que lo que escriba o diga tiene que importarle a alguien.

Después mi memoria regresa en el tiempo a alguna plática, en algún momento, con alguien a quien no puedo recordar con precisión. Tal vez haya sido una persona, tal vez dos, o más, hasta un libro, pero es algo que se quedó en mi memoria. Que uno escribe para uno mismo, porque escribir sana, porque escribir drena, limpia y remienda el corazón. También recuerdo a mi prima diciéndo que escribir es como pintar, (porque yo pinto)  y que nada de lo que se escribe está listo a la primera, se va puliendo. Y yo lo comparto un poco y otro poco no, porque a mí si se me da escribir, si ese día me decido, las palabras salen como una corriente de agua, como una cascada que no para ni se calla, el flujo de mi mente que hace que mis dedos se muevan sin parar.

Hay días que me siento bendecida hasta los huesos  y me dan ganas de escribir todas las cosas increíblemente cotidianas que me pasan, la resolución de  esa realización que tuve alguna vez en el pasado, de la frase tan famosa en estos días sobre el aquí y el ahora.

A veces me observo construyendo pláticas surrealistas con mi hija de 3 años, dejando que vuele su mente y yo haciendo un gran esfuerzo por alcanzarla, por no cortarle las alas de la bendita creatividad. Estoy segura que si cualquier persona externa estuviera presente no entendería una palabra, porque a veces, yo tampoco las entiendo, solo sigo hablando. 

Alcanzar su mente libre en los días que estoy presente, resulta un ejercicio muy sencillo, pero si mi mente está ausente, se convierte en una tarea titánica que hace que hasta me duela un poco la cabeza por intentar seguir  algo que puede no tener pies ni cabeza.

A veces escucho cómo entiende ella ciertas cosas; una película, una plática, lo que sea, y me doy cuenta que entendió algo que no era. ¿O si era? ¿Quién soy yo para decidir cómo entiende ella la vida o las cosas? Algunas veces explico, otras me callo, intento mantener ese balance entre enseñarle lo poco o mucho que sé de la vida y dejarla entender la vida como ella quiera.

La ventana de mi consciencia se ha ido abriendo, y ahora tengo más tiempo para observar a mi hija de un año Gala, mucho más de lo que llegue a hacer con Luna. Puedo ver sus emociones que son tempestuosas hasta decir basta, tan parecidas a las mías. Conocerme ha hecho que la conozca a ella, que pueda lidiar con sus emociones así como he lidiado con las mías, en estos momentos, agradezco la ola a la que me he sumergido para tratar de conocerme. Entre más me conozco, más puedo permitirme conocerlas a ellas, sin juicios, sin expectativas.

Hay días que simplemente estoy dividida, en los que el arte fluye por mis venas y solo quiero ser artista, solo quiero pintar, solo quiero silencio, estar dentro de mí. Olvidarme por un momento de todo y convertirme en lo que soy solo yo, en esencia, una mente que está mucho tiempo imaginando. Esos días me vuelvo una madre ausente, distraída, estoy expandida recibiendo ideas, información. Después me descubro sintiéndome culpable, pero no puedo pelear con mi propia naturaleza.

Esos días entro en conflicto entre mi papel de madre, y mi independencia como ser humano, como artista, como Paulina. Qué fuerte es comprobar lo que escuché tantas veces, que ser madre te hará sentir culpable cientos de veces a lo largo de tu vida.

Es complejo vivir al mismo tiempo con las dos Paulinas; me gusta el silencio, la soledad, podría no comer en todo el día. Me gusta dejarme ir con la emoción del momento, fluìr como sea que salga, tener cero planeación en el día.

Pero hoy están ellas, esas dos humanas que salieron de mí con un dolor, que después de él siento que ya puedo con cualquier cosa. Sí, claro, fui de esas mamás que decidió que la mejor manera de nacer era la natural, y sin químicos, pero esa ya es otra historia.

Están ellas, ellas que necesitan todo el tiempo una respuesta a sus preguntas, ellas que demandan mi atención para poder aprender cosas por ellas mismas. Está ella, mi Luna, que a sus 3 años más que preguntas tiene una inmensa capacidad de crear respuestas desde la nada, largas historias que tengo que estar atenta a escuchar, y que si por un momento me distraigo, ella volteará con sus enormes ojos y pestañas para decirme mamá, escúchame. Si me vuelvo a distraer, volveré a escuchar ahora más fuerte, mamá, escúchame, no me estás escuchando, voltea a verme.

Está también ella, mi Gala, que en su mente tiene la misma edad que Luna, quiere hacer exactamente las mismas cosas sin pensar siquiera en el riesgo o si el tamaño es una barrera. Ella no se cansará de gritar e irá subiendo el volumen hasta que yo voltee y solucione su necesidad, recordándome el papel que cumplo hoy.

Están ellas, y también están mis perras; Unas perras que han crecido en la familia como un miembro más, unas perras que de igual manera exigen que se les abra la puerta hacia el jardín, 10, 15 veces al día, o tal vez más, recordándome que soy la cumplidora de necesidades de la manada.

Está él, que dentro de los estándares del género masculino es un mismito ángel, pero aún así, hombre. Él, que se sabe proveedor y que al verme desempeñando en horas de mamá algún impulso artístico, no tardará en recordarme que su chamba es ser proveedor y la mía cuidar a las hijas. Mi lado artístico debe quedar relegado para la noche, cuando “tenga tiempo”, como si la inspiración pudiera meterse en un cajón y esperarlo a uno. A veces sí, otras muchas simplemente se va.

Está él, un excelente padre que juega, que escucha, que limpia culilos, hace desayunos y también a veces cenas. Él que dentro de su especie es casi un milagro pero que aún así exige y demanda que yo esté en el “rol” que me corresponde.

Mi mente me engaña con éstas pequeñas tormentas en las que por momentos soy una artista frustrada, o así me siento, solo por una par de días, porque después regreso, con esas ansias de crear algo y como sea, a la hora que sea, me las ingenio.

La mayoría del tiempo soy ésta mujer, viviendo ésta experiencia; Amando con locura a su familia, aprendiendo a ser madre, a ser esposa, a ser el papel que toca. Dedicada en cuerpo y alma a necesidades ajenas, a veces interminables, a vivir experiencias también ajenas. Bueno, no tan ajenas,  no hay nada más cercano que los hijos. Y lo hago con gozo, a veces también con pesar, pero el día de mañana quiero recordarlo todo, no haberme perdido de nada.  Quiero tatuarlo en mi memoria, también en mi cámara; Quiero poder absorber hasta el último trago de ésta etapa, una muy feliz en mi vida. Porque sé que mañana volarán y a mi me sobrará tiempo para reinventarme, para reconstruirme en una nueva versión, que eso se me da muy bien.

Y así pasan los días oscilando entre los días mágicos y felices en los que no cambiaría nada, y otros que, como los ciclos de la luna, me encuentro con mis momentos oscuros, con esos en donde me siento sobrepasada, esclava, desatendida, sirviendo siempre a alguien más, dejando a un lado mi propia experiencia.

Pero esos días son los menos, y hay otros como hoy que el tiempo es relativo, que me desvelo escribiendo y que las ideas fluyen,  porque yo, cuando escribo, las palabras salen como una corriente de agua, como una cascada que no para ni se calla, el flujo de mi mente que hace que mis dedos se muevan hasta terminar.

Y cuando esa corriente termina, me siento renovada, me vuelvo a sentir entera, los pedazos se acomodan y me doy cuenta que así como yo paso así mis días…hoy;  hoy tuve el tiempo y la fortuna de crear, aunque solo fuera un momento, una hora, 20 minutos. Fui yo en esencia.

A todas las mamás y artistas que viven esta dualidad. Que logremos seguir creando.


Una respuesta a “Las dos Paulinas

  1. Hiciste que toda mi alma vibrara, jajaja este texto me representa, nos representa a todas las madres mujeres artístas… te amo, siempre y para siempre..
    Que en cada espacio donde estés, estés tú creando… aunque no sea con pintura, aunque no sea con escritos, para que así las pinturas y los escritos, estén llenos de vida, por que la Artista es la que Crea la Obra más Dificil de crear, su propia vida, y puede decir que ha sido su obra favorita.

    Gracias gracias por este espacio donde me haz abierto un por dónde yo también escribir otra vez.

    MUAA

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