Calibrando

De repente, la ciudad empezó a ser un lugar extremadamente abrumador. No fue algo que se diera de un día para otro, fue algo paulatino.  Por alguna temporada de mi vida, olvidé la importancia de la conexión con la madre tierra, pero una vez recuperada, no hubo vuelta atrás.

Empecé a querer pasar más tiempo de vacaciones , o lo que fuera que fuera, pero  fuera de la ciudad (valga la redundancia) . Esas eternas horas en el tráfico, aunque por un tiempo fueron grandes momentos de reflexión, al nacer mis hijas, empezaron a ser demasiado estresantes, agobiantes, terribles.

Siempre decíamos que nos íbamos a salir, pero la zona de confort a veces es tan fuerte que salir de ella cuesta. Renunciar a ciertas cosas con las que has crecido y vivido jamás será fácil. Pero en realidad, la decisión  en el fondo de nuestro corazón, ya estaba, solo era cuestión de ir viendo las señales.

Llegó un día en que Toño y yo tuvimos la plática de empezar a tomar acciones concretas.  El plan llevaba demasiado tiempo esperando, habíamos pensado muchos lugares aunque el primero fue Tepoztlán y la última vez que fuimos el universo parecía estarnos hablando en cada esquina. Decidimos empezar a preguntar sobre las rentas por la zona.

De un día a otro el caos se desató. Un día estábamos en la manifestación más grande de mujeres y a la semana siguiente  enfrentándonos a un virus que nos pegó a todos, no importó la raza, el sexo, la clase social, o las tantas etiquetas que nos hemos puesto como humanidad.

El encierro en un inicio no nos pesó, de hecho siempre nos ha gustado estar en casa, sin embargo la falta de verde empezó a pesar demasiado. Salir al súper se empezó a convertir en un evento causante de ansiedad. Sentirme insegura sobre mi propia vida me pareció algo con lo que no iba a poder.

Mis preguntas se intensificaron. Tanta gente en tan poco espacio siempre ha sido abrumador.  ¿De dónde sale el agua para tantos? ¿de verdad estará limpia? ¿a dónde irá tanta mierda humana? ¿cómo podemos vivir unos sobre otros en cajas altísimas de cemento y funcionar? ¿cómo podemos respirar el aire que contiene las partículas de tantos coches, fábricas y desechos humanos volando en el aire? Y ahora… ¿de verdad voy a vivir en aislamiento en una de las ciudades más pobladas del mundo?

Y recibimos la llamada divina pues la decisión ya había sido decretada y tomada.  Gaby, prima hermana de Toño pareció escuchar nuestro grito de auxilio y nos ofreció pasar la temporada en Tlayacapan, pueblo vecino de nuestro amado Tepoztlán.

Extrañamente cuando empecé a hacer las maletas  tomé cosas muy especiales y específicas, sentí una sensación de duelo, de desapego, como si fuera a abandonar mi casa por mucho tiempo, y así fue.

Dejé todo lo material atrás,  hasta las cosas que sentía indispensables, como si estuviera haciendo una limpieza de todas las mochilas que posiblemente tendría que abandonar. El proceso fue un poco melancólico aunque en el camino comprendí que el desapego material ya estaba bastante trabajado.

Y así pasó una temporada de dos meses o un poco más en donde lo único que necesité fue a mi familia, mi manada y una maleta cada uno del closet repleto de ropa que tenemos.

Fueron pasando los días y el contacto con la naturaleza nos empezó a sanar, hasta que se volvió indispensable;  y una noche,  por cliché que se escuche, debajo de un árbol, de la luna, de millones de estrellas decidimos que era momento de salirnos de verdad. 

El hacerlo me hizo pasar por muchas emociones y miedos que se fueron rompiendo por el deseo más grande de las acciones que estamos emprendiendo. El bienestar de nuestras hijas y el nuestro.

El hacerlo también ha generado alrededor de nosotros una serie de reacciones que nos han hecho dudar por leves momentos sobre si nuestra decisión es la correcta y ésa es la razón por la cual el día de hoy me encuentro escribiendo.

También escribo para hacerme consciente de mi proceso, el cual aunque no ha sido tan complicado tampoco ha sido del todo sencillo. Aprender a convivir con insectos (sobre todo con moscas y mosquitos) no es nada agradable. No tener idea de qué insectos hay que temer y cuáles no, me hace sentir ignorante ante mi propia naturaleza, pero en el fondo tengo la idea de que esa sabiduría se encuentra en mi adn, olvidada.

Sin embargo, estoy dispuesta a romper todos mis miedos, por la lista de razones que aquí enumero, porque creo que no puedo seguir viviendo de manera incongruente con lo que deseo y lo que hago.

No, definitivamente no estoy dispuesta a condenar a mis hijas a la vida de un sistema que no me queda duda, es obsoleto. Estamos entrando en una recesión social, política, económica y ecológica que exige de nosotros convertirnos en una mejor versión, más sabia, más equilibrada.

No estoy dispuesta a seguir educando a mis hijas con la creencia de que la obtención de bienes materiales es el último fin de la existencia. El sueño americano en donde la casa enorme, los coches y el éxito profesional a costa de su propia vida y tiempo son el destino final.

No estoy dispuesta a temerle a la naturaleza por la ignorancia, por no conocerla. A que no sepamos cómo crece una zanahoria que puede ser lo que haga que el día de mañana tengamos armas en esta tierra. A temerle por ignorancia, pues no sabemos como sobrevivir en ella; Ella, la que nos ha nutrido, la que nos ha dado hogar, alimento y vida.

No estoy dispuesta a arriesgarme a que el día de mañana los recursos sean escasos y estando en una zona tan poblada me tenga que ver en competencia con otros humanos por sobrevivir. No quiero estar en competencia, quiero vivir en comunidad, en una de tamaño funcional, en la que los recursos sean suficientes para todos.

No estoy dispuesta a seguir viviendo como vivía, creyendo que la comida crece en latas, a seguir comprando ropa de dos puestas para encajar en la moda,   teniendo  consciencia de que lo que compro crea un impacto pero seguirlo haciendo. Quiero convertirme en esa persona que sabe reparar, resanar, hacer, antes de tirar y consumir sin límites.

No estoy dispuesta a ingresar a mis hijas en un sistema de educación que a mi parecer es disfuncional, en donde únicamente nos enseñan a ejercitar la memoria, datos,  e historia sesgada siempre del lado de los “buenos” . Deseo encontrar la escuela que las apoye a contar con todas las armas para decidir su camino, cualquiera que sea, de manera libre, con opciones, desde todos los niveles en los cuales el ser humano puede expandirse. 

No estoy dispuesta a seguir actuando igual que antes, simplemente porque no lo deseo, porque quiero un cambio y no puedo pedir un cambio si no formo parte de él.

Y la queja o el análisis no sirven de nada si no hay un plan, si no estoy dispuesta a muchas otras cosas para solucionar lo que no quiero. 

Así es que estoy dispuesta a encontrar la manera de vivir en comunidad, con bases sólidas de investigación y conocimiento para podernos establecer de la manera más armoniosa con la tierra. Que seamos un equipo con ella, dejarla de tratar como esclava. 

A equilibrar la sabiduría de nuestros ancestros, aquella de los que vivían realmente en contacto con la naturaleza y lo que he aprendido en mi forma de vida. No deseo pelearme en absoluto con quien era sino reconciliarlo y unirlo.

A cambiar, a aprender a trabajar la tierra, a entenderla. A enseñarles a mis hijas a entenderla. A cultivar, a re-conocerla, estoy segura que en ella, encontraré muchas respuestas sobre mi propia existencia como mujer, pues la conexión con la tierra es la conexión con la feminidad. A saber sobre insectos, sobre gallinas, sobre plantas, sobre todas la sabiduría  que está ahí, olvidada. No deseo ser alarmista pero prefiero estar preparada. La tierra y el sistema nos ha dado todos los signos de necesitar una renovación y un cambio.

A convertirme en una mejor versión, esa que fusione ambos caminos, mi pasado, con el futuro que estoy decidiendo, para mi, para mi familia.

Recuerdo la pregunta de mi papá.. ¿de verdad piensas criar a tus hijas en pleno siglo XXI como en la época de las cavernas?

La respuesta es no, pero también es sí. Porque deseo recuperar y aprender las cosas importantes que hemos olvidado, la sabiduría del pasado , fusionarla con mi historia, con lo que sé, pues si  quiero trazar un nuevo camino necesito integrar todo, y seguir aprendiendo para lograrlo.

¿qué si tengo miedos? A veces sí, muchos, pues emprender un nuevo camino siempre cuesta; pero sobre todo estoy emocionada, aprender siempre me ha gustado. Aprender es la única manera para seguir creciendo, pues cuando uno da por hecho que sabe….deja de estar abierto a seguir aprendiendo.

Y así, me declaro como un libro no terminado, en proceso. Estoy receptiva de lo que venga, estoy segura que conectaré con las personas que piensen igual, estoy segura que si el deseo viene desde el corazón, el universo encuentra la manera de irte dando las pistas para que logres la pieza.

Que así sea, hecho está


2 respuestas a “Calibrando

  1. te Amo, tu vida es una delicia, y me encanta la Integración que estás haciendo….
    Gracias por tu Vida, Gracias por tus hijas, gracias por tus desiciones! La pachamama está de fiesta por que existes y yo también!!!

    antes tenía fotolog mana, y cerró de un día para otro, eres bien inteligente que tienes wordpress… lo utilizaré también!!!

    Me gusta

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